Nuestra historia

Imma llega tarde a casa casi cada noche.

Le pregunto si ha tenido alguna urgencia. Me dice que no. Le pregunto si el último paciente se ha retrasado. Me dice que tampoco.

Es el papeleo.

Imma tiene su propia clínica dental en Mataró, Prat & Ferrer. Es buena dentista. De las que sus pacientes recomiendan sin que nadie les pregunte. Pero cada día, después de horas mirando bocas ajenas, le esperaba otra hora más delante del ordenador escribiendo historias clínicas a mano. Una por una. Con todo el detalle.

Soy Edu, su marido. Y soy de los que no saben estar quietos.

Así que le monté una herramienta que grababa la consulta y generaba la historia clínica sola. Sin teclado. Sin dictados. Solo el móvil encima de la mesa mientras ella hacía lo suyo.

La probó un lunes.

El martes ya me estaba pidiendo que se lo diera a una colega.

Esa colega se lo dijo a otra. Esa otra a tres más. Y aquí estamos.

Pepys nació en Mataró. Sin inversores, sin pitch deck, sin powerpoints con flechas que suben hacia la derecha. Solo una dentista que por fin llegaba a casa a cenar con su marido.

Que soy yo, por si no había quedado claro.

El nombre

¿Por qué Pepys?

Buena pregunta.

Retrato de Samuel Pepys, diarista inglés del siglo XVII, sentado a su escritorio rodeado de papeles
Samuel Pepys (1633–1703), el diarista más obstinado de la historia.

Samuel Pepys fue un señor inglés del siglo XVII que se dedicó a apuntarlo todo.

Todo.

Lo que comía. Lo que bebía. Las discusiones con su mujer. Los cotilleos de la corte del rey Carlos II. El Gran Incendio de Londres. La peste. Los conciertos. Las obras de teatro. Todo lo que vivió, lo escribió.

Durante nueve años no se saltó un solo día.

Era, básicamente, el más aplicado tomador de notas de la historia.

Hay una diferencia importante entre Pepys y tu dentista de cabecera. Pepys escribía por placer. Tu dentista escribe porque no le queda más remedio.

Pepys escribía en taquigrafía para ir más rápido y que nadie pudiera leerle el diario. Nuestra app también va rápida y cumple con el RGPD. Pepys hubiera flipado.

Pepys dejó de escribir en 1669 porque estaba perdiendo la vista de tanto escribir con luz de vela.

Nosotros existimos para que a ti no te pase lo mismo con la pantalla del ordenador.

Él no tuvo quien le ayudara. Tú sí.

Llega a casa a cenar.

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